Cuando se ha tomado la decisión de implementar una red cableada en lugar de inalámbrica, comienza a ser vital el switch.
Un switch administrable brinda muchísimas posibilidades de ajuste, creando subredes (grupos de usuarios) con mejores prestaciones que otras, limitando el acceso, vigilando el uso, algunos incluso tienen la capacidad de detectar cables defectuosos. Y más.
Hay proveedores que automáticamente se inclinan por switches administrables de 16 o 24 puertos para una oficina de 4 personas, lo cual es casi siempre un sin sentido (switches de marca Cisco superan los 2 millones de pesos al momento de escribir esto). Cobran un buen dinero y el cliente se siente orgulloso. Será una apuesta segura porque nunca necesitarán más. Pero probablemente nunca usen las funciones del switch y lo reemplacen por viejo antes de llegar a usar la mitad de los puertos.
Por otro lado, proveedores que sólo dominan redes domésticas querrán resolver todo con un switch no administrable o varios, y a veces dejarán de brindar alguna prestación que el cliente sí necesita o no tendrán medios para enfrentar ciertos problemas de rendimiento.
Si no se espera a corto plazo un crecimiento de la empresa que lleve a necesitar más de 5 pcs, un switch de 8 puertos será suficiente (dejando 3 para una impresora de red, agregando un cable proveniente del router y algo más). Siguiendo en el mismo pensamiento, si el máximo serán 12 puestos, un switch de 16 puertos será suficiente.
Si no está seguro de necesitar dividir los usuarios en grupos (por ejemplo según su necesidad de ancho de banda) y no precisa una elevada seguridad, ni tampoco la cantidad de usuarios obliga a cuidar el rendimiento, un switch no gestionable, plug and play, que se conecta y cumple su función de enlazar todos los puestos (y nada más) cubrirá sus necesidades. Y ¿sabe qué? Como son relativamente económicos, ante un gran crecimiento de la empresa puede regalarlo y cambiarlo por un switch administrable. Será un grato problema.
Claudio A. Nipotti

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